Señora presidenta: el Partido Nacional y mis compañeros de la Comisión Permanente me han designado para hacer uso de la palabra en su nombre en esta fecha tan importante.
Por resolución de las Naciones Unidas, el 27 de enero se hace esta recordación, la recordación del horror. Esta recordación se hace no solo para no olvidar, sino también como forma de prevenirnos del grado de salvajismo al que puede llegar, como pudo llegar, el ser humano en estos tiempos. No es solamente un episodio que entristece a la humanidad, que la mancha, sino que nos alerta frente a otros problemas que se viven en la actualidad.
En ese sentido, creemos que la piedra angular del holocausto fue el antisemitismo. No hay duda de ello, aunque lamentablemente, en nuestros tiempos existe gente que lo duda, lo cuestiona y lo niega. Ese antisemitismo de la ideología nazi y también de la cultura europea de aquellos años es algo que debemos ver porque el horror que describió, que demostró, que narró muy bien la señora legisladora Rapela, nació del terrorismo de Estado del gobierno nazi y de su solución final. Y hubo silencios cómplices, hubo silencios cobardes que explican el grado de salvajismo al que puede llegar el ser humano.
Recordarlo es nuestra obligación, pero para seguir apelando a la racionalidad y al respeto de la condición humana como elementos indispensables del relacionamiento humano. Y cabe preguntarse: ¿hoy en día, en nuestro mundo, podemos decir que hemos dejado atrás ese salvajismo, ese horror, o vemos todos los días horrores y actitudes racistas y antisemitas?
La superación de la violencia desde sus formas extremas hasta las más sutiles y veladas constituye la gran utopía de nuestros tiempos. La utopía es ir contra la violencia en todas sus formas. ¡Ni qué hablar del terrorismo de Estado! En Uruguay podemos hablar con propiedad de ello. El terrorismo de Estado como una solución final que instrumentó la ideología nazi es algo que, lamentablemente, no hemos dejado atrás; todavía hoy seguimos sorprendiéndonos con noticias acerca de que se apela a ese tipo de ideologías o a otras con los mismos instrumentos.
Es por eso que hoy debemos hablar de la ideología de los derechos humanos que nos ubica, ahí sí, no en tonalidades de gris, sino en blanco y en negro: quienes respetamos y defendemos los derechos humanos y quienes los violan, los utilizan, los menosprecian.
En la segunda mitad del siglo pasado, los instrumentos de protección y afirmación de los derechos humanos proclamaron el derecho a la vida como el más importante de los bienes jurídicos tutelados y, progresivamente, introdujeron figuras jurídicas cada vez más precisas para prevenir y evitar la repetición de los holocaustos y genocidios. Sin embargo, en los inicios del corriente siglo, se han consolidado otros agentes gravemente agresores de los derechos humanos, lo que de alguna manera demuestra la importancia de la recordación, todos los 27 de enero, de lo que sucedió a la humanidad, y sigue ocurriendo.
Actualmente, están los grupos armados no estatales como les dicen, los terroristas, que operan con la colaboración o, al menos, con la aquiescencia de estados cómplices con representación en Naciones Unidas. Alguno de estos grupos terroristas, en particular, el Estado Islámico, ha demostrado una letalidad comparable con la de los más poderosos ejércitos nacionales, proyectando su accionar a miles de kilómetros. El terrorismo viola día a día de todas las formas posibles todos los derechos humanos, pero lamentablemente lo decía la legisladora Rapela y lo reitero yo, los instrumentos jurídicos de prevención y represión de esta forma de actividad criminal aún no se encuentran suficientemente desarrollados. La aplicación de sanciones a un «amigo», artero y difuso, es por demás compleja, tanto desde el punto de vista jurídico, como en el plano práctico.
Voy a hacer referencia a un artículo periodístico sobre un informe que brindara el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos porque creo que es necesario, en esta recordación, tener presente que todavía pasan estas cosas. La periodista indica que en dicho informe se hace referencia a una teleconferencia que brindara desde Bagdad el director de Derechos Humanos de la Unami, la Misión de Asistencia de la ONU para Irak, Francesco Motta, quien expresaba: «Se ha podido demostrar la intención de acabar totalmente o parcialmente con comunidades enteras, incluyendo a los yazidis», y continúa citando el informe, en el que se denuncia que el Estado Islámico ha asesinado y secuestrado a gran cantidad de civiles.
Asimismo, indica que el informe establece lo siguiente: «Las víctimas incluyen a aquellos que se oponen al Estado Islámico, así como a personas afines al Gobierno, como miembros de las fuerzas de seguridad, policías y funcionarios, profesionales, como abogados, doctores o periodistas, y líderes religiosos». Agrega que la Unami relata cómo el grupo yihadista aplica su propio sistema judicial, que sentencia a muerte en innumerables ocasiones, además de aplicar castigos inhumanos como las amputaciones o las lapidaciones, y da numerosos ejemplos de ejecuciones públicas, agrego: que hemos visto, inclusive, a través de las redes sociales; un horror por disparos, cortándoles la cabeza, quemándolos vivos o tirándolos desde un edificio. También hace referencia a que en el informe se establece que hay denuncias del asesinato de niños soldados que abandonaron el frente en la provincia de Al-Anbar y que, de hecho, se ha podido verificar que entre quinientos y ochocientos menores han sido secuestrados en Mosul, la segunda ciudad del país, para entrenamiento militar y educación religiosa.
¿Estamos lejos del Holocausto? Es la pregunta que hoy debemos hacernos. Leemos acerca de estos horrores y los hemos visto en documentales. Tuvimos la oportunidad de estar en Israel y ver el monumento al Holocausto y lo que significa la recordación de millones y millones de vidas perdidas. ¿Estamos lejos de ese tiempo? Lamentablemente, yo debería concluir que no. Por un lado, tenemos antisemitismo en diversos lugares del mundo y, por otro, el debilitamiento de la ideología de los derechos humanos asociado a un relativismo cultural que está teniendo consecuencias nefastas en el mundo.
Por ejemplo, me ha llamado la atención una noticia que quizás no ocupe las primeras planas de los diarios, pero que para mí es grave, porque se trata de señales. Al claustro de la Universidad Autónoma de Cataluña, en Europa, se le otorgó el patético honor de ser la primera universidad peninsular en declarar el boicot a las universidades israelíes, es decir, en aprobar una declaración racista que estigmatiza a las personas por su origen y que llega al delirio de pedir el boicot a la ciencia. ¿Cómo puede estar pasando eso en un claustro, donde hay docentes y estudiantes universitarios? ¿Cómo toman estas decisiones? Esto es algo que nos tiene que alarmar, porque si no nos alarmamos frente a estas señales, después nos vamos acostumbrando a que estas cosas pasen todos los días.
La ONU, el organismo que se crea al terminar la Segunda Guerra Mundial, después del Holocausto, para construir un nuevo orden mundial basado en el respeto de los derechos humanos, presenta enormes contradicciones y muchas veces ha perdido el rumbo en materia de defensa de los derechos humanos. Tenemos que ser militantes en eso. Países que no solo violan los derechos humanos, sino que además, los rechazan, los niegan y militan contra ellos, están en las Naciones Unidas, frecuentemente en los comités de defensa de los derechos humanos.
Por eso creo que hace bien la Comisión Permanente en conmemorar esta fecha, que todos los años tenemos que recordar, porque el ser humano ha perdido y sigue perdiendo los puntos de referencia. Lo que vemos todos los días en la prensa nos trae el horror de lo que pasó y de lo que está sucediendo. Creemos que la humanidad y la civilización deben pelear contra la barbarie, con nuestras garantías, nuestra civilización y nuestro derecho. No todas las ideologías son respetables; eso es una hipocresía.
No puede haber ideología que base su instrumentación en el aniquilamiento o el exterminio de otro. Eso no puede ser respetable; eso es una hipocresía. Muchas veces, en los debates entre las naciones, percibimos el silencio, a veces cómplice, de quienes violan los derechos humanos en sus propios países, hablan ¡vaya si hablan! en las Naciones Unidas y son escuchados.
Nada puede justificar la muerte; nada. No puede haber ninguna ideología que justifique la muerte, y es contra la muerte que tenemos que pelear: la del pasado, la del presente y la del futuro, porque detrás de un escudo religioso se pueden llegar a cometer los mayores horrores, lo que podemos ver en nuestros tiempos.
El pueblo judío, que mucho admiro, que ha pagado con millones y millones de vidas la aberración humana, debe ser un ejemplo permanente de hasta dónde puede llegar el hombre cuando pierde los puntos de referencia. Para nosotros esto es fundamental: no fue en vano la desaparición de los millones de judíos que han muerto en el Holocausto si nosotros somos militantes en el día de hoy por lo que pasó ayer y por lo que pasa hoy. Ese debe ser nuestro compromiso en la ideología de los derechos humanos; en la utopía de pelear contra la violencia.
Nuestra misión, señora presidenta, es una misión de paz y de felicidad. Todos los días tenemos que pelear por ella y ahí, solo ahí, estaremos ganando, porque esta guerra contra la violencia y los violentos la ganaremos todos los días peleando por la paz, peleando por la felicidad humana, defendiendo a aquellos que son víctimas de la violencia y defendiéndonos de los violentos de ayer, de hoy y, lamentablemente, de los violentos de mañana. Pero creo que en el mundo somos mayoría los que queremos vivir en paz y en felicidad. Debemos instrumentar las condiciones como para que esto nunca más vuelva a suceder y para que deje de ocurrir lo que vemos todos los días en la prensa.
Es por eso que hoy el Partido Nacional expresa un alto grado de compromiso con las víctimas judías del Holocausto, que las sentimos como propias y, sobre todo, con los desafíos de hoy y de mañana, de pelear contra los violentos que quieren arrebatarnos el mundo en paz que la humanidad se merece.
(Aplausos en la sala y en la barra)
Senador Luis Alberto Heber: “la superación de la violencia constituye la gran utopía de nuestros tiempos”.
03/Feb/2016
Versión taquigráfica de la sesión del 27 de enero de la Comisión Permanente del Parlamento